¿Una alumna dice ser una loba? El fenómeno therian que habla de identidad y cultura digital
- Francisco Vásquez Ponce

- hace 2 horas
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¿Qué significa que un estudiante diga que se identifica con un lobo, un zorro, una gata? ¿Estamos ante un juego, una moda digital, una nueva forma de construir identidad en la era de las redes sociales, una enfermedad mental o una creencia espiritual? ¿Cómo pueden los docentes abordar el fenómeno therian sin prejuicios, pero con herramientas culturales e históricas que lo conecten con mitos, tótems y tradiciones antiguas? ¿Puede esta conversación convertirse en una oportunidad pedagógica para reflexionar en el aula sobre identidad, naturaleza, cultura digital y expectativas personales?
Sabemos que hoy el término “therian” designa a personas que experimentan una identidad interna vinculada a un animal no humano –coyote, perro, tigre, canario– no como una metáfora estética, sino como vivencia subjetiva persistente. Surgido y difundido en foros digitales desde los años noventa, el fenómeno no implica transformación física ni necesariamente un club organizado; es, más bien, una narrativa identitaria. Sin embargo, visto con ojos antropológicos, no aparece de la nada: dialoga con una larga historia de imaginarios híbridos y de vínculos simbólicos entre humanos y animales.
Antecedentes indirectos y diferencias
En la Antigüedad clásica, figuras como el Minotauro, los Centauros o las Sirenas dramatizaban la frontera entre civilización y naturaleza. No eran identidades personales, sino arquetipos narrativos: el monstruo, el sabio salvaje, la seducción peligrosa. Para Mircea Eliade (historiador de las religiones y filósofo rumano), este tipo de figuras revelaba lo que llamó hierofanías: irrupciones de lo sagrado en formas animales o híbridas. Desde esa perspectiva, el therianismo podría entenderse como una “re-mitologización del yo”: en una sociedad secular, el sujeto reintroduce lo sagrado no en templos, sino en su propia identidad.
Por su parte, el antropólogo Claude Lévi-Strauss ofreció otra clave al analizar el totemismo: los animales sirven para pensar diferencias sociales. En pueblos del noroeste de Norteamérica, los tótems –águilas, cuervos, lobos– organizaban clanes y genealogías; eran sistemas de clasificación colectiva. El therianismo, en cambio, no estructura parentescos ni derechos rituales: clasifica el yo. El “theriotype” funciona como un principio organizador de rasgos personales (instinto, territorialidad, lealtad), pero en clave individual y electiva. Es, si se quiere, un totemismo subjetivo en la era digital.
No obstante, parece que el paralelismo más sugerente aparece en Mesoamérica con la figura del nahual, donde una persona mantiene un vínculo espiritual con un animal, a veces asociado al poder o al destino. Aquí la frontera humano/animal es más porosa que en la actual modernidad occidental. El antropólogo Eduardo Viveiros de Castro ha mostrado que en muchas cosmologías amerindias no existe una separación radical entre naturaleza y cultura: humanos y animales comparten interioridad, aunque difieran en cuerpo. El therianismo nace en un mundo moderno que sí separa tajantemente ambas esferas, pero parece intuir –de manera fragmentaria y personal– esa continuidad ontológica.
Desde una teoría contemporánea, Donna Haraway –filósofa de la identidad– ha cuestionado la frontera rígida entre humano y animal, mostrando que siempre hemos vivido en redes híbridas de relaciones entre especies. Mientras que Bruno Latour, como filósofo de la ciencia, argumentó que la modernidad nunca logró separar del todo naturaleza y sociedad. En ese contexto, el therianismo puede verse como un síntoma cultural: jóvenes y adultos que, en un mundo hiperconectado y ecológicamente frágil, buscan reinscribirse en lo vivo a través de una identidad animal simbólica.
Nada de esto significa que el therianismo sea idéntico a los mitos griegos, al totemismo nórdico o al nahualismo mesoamericano. En aquellos casos, la animalidad estaba integrada en sistemas rituales y cosmológicos compartidos; en el fenómeno actual, la experiencia es personal, mediada por comunidades digitales y por lenguajes psicológicos contemporáneos. Pero la continuidad es clara: la fascinación por el límite humano-animal atraviesa la historia. El therian moderno no es un centauro ni un berserker ritual, aunque encarna –en clave autobiográfica y virtual– una pregunta antigua: ¿dónde termina lo humano y comienza lo animal no-humano?
Posible escena en el aula
En un aula cualquiera, bajo la luz blanca de un proyector que zumba como un insecto antiguo, una estudiante levanta la mano y dice en voz baja: “Me identifico como una loba”. No hay luna llena ni bosque encantado, pero algo cambia en la atmósfera. Como en una escena de cualquier película de Guillermo del Toro, la realidad cotidiana se resquebraja y deja ver una grieta por donde asoma lo mítico. No es el rugido de un monstruo lo que escuchamos, sino la pregunta que siempre regresa: ¿qué significa ser humano cuando la identidad ya no cabe en una sola forma? Entre pupitres y pantallas, personas e identidades reflejadas, el antiguo bestiario despierta otra vez –quizás no para asustar, sino para recordarnos que lo extraño, a veces, es sólo una forma distinta de nombrar la búsqueda de pertenencia.
Referencias recomendadas
Eliade, Mircea. Lo sagrado y lo profano. Traducción de Luis Gil, Paidós, 1998.
Para entender símbolos y mitos sin tecnicismos excesivos.
Lévi-Strauss, Claude. El pensamiento salvaje. Fondo de Cultura Económica, 2002.
Para comprender cómo las culturas piensan con la naturaleza.
Turner, Victor. El proceso ritual. Estructura y antiestructura. Taurus, 1988.
Fundamental para explicar liminalidad y construcción simbólica.
Viveiros de Castro, Eduardo. Metafísicas caníbales. Líneas de antropología postestructural. Katz Editores, 2010.
Clave para discutir ontologías indígenas y perspectivas no occidentales.
Latour, Bruno. Nunca fuimos modernos. Traducción de Víctor Goldstein, Siglo XXI Editores, 2007.
Útil para problematizar la separación naturaleza/cultura en la modernidad.
Haraway, Donna. Seguir con el problema. Generar parentesco en el Chthuluceno. Consonni, 2019.
Accesible, contemporáneo y pertinente para pensar la interdependencia entre especies.
Sobre el fenómeno therian
Grivell, Clegg & Roxburgh. “An interpretative phenomenological analysis of identity in the therian community” — Identity: An International Journal of Theory and Research, 2014. Estudio que analiza cómo la adopción del término therian impacta la identidad personal de miembros de la comunidad therian, identificando temas como autodescubrimiento y transpeciesismo.
Baldwin & Ripley. “Exploring Other-Than-Human Identity: A Narrative Approach to Otherkin, Therianthropes, and Vampires” — Qualitative Sociology Review, 2020. Investigación con entrevistas a participantes que se identifican como otherkin o therians, examinando narrativas de identidad y tensiones entre similitud/diferencia.
H. Clegg et al. “Therianthropy: well-being, schizotypy and autism in individuals who…”, 2019. Estudio empírico que explora variables psicológicas (bienestar, rasgos cognitivos y neurodivergencia) en personas que se identifican como therian.




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