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La necesaria evolución del enfoque STEM

hace 13 horas
4 min de lectura

Durante años, en el ámbito educativo se consideró que la respuesta a los desafíos del futuro residía exclusivamente en la ciencia y la tecnología. Si lográbamos que los estudiantes dominaran el código, los engranajes y los números, el progreso parecía estar garantizado. Sin embargo, la realidad ha demostrado que la técnica, aislada de la reflexión humana, es insuficiente. ¿Cómo llegamos a la necesidad de recuperar una visión transdisciplinar del aprendizaje para responder a las dinámicas del siglo XXI? La respuesta puede encontrarse en la evolución de algunos enfoques que buscan articular las ciencias, la tecnología y las humanidades.


La consolidación de STEM+

En 1990, la National Science Foundation utilizó el acrónimo STEM –Science, Technology, Engineering and Mathematics (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas)– para referirse a proyectos vinculados a estas áreas, tanto en eventos políticos como en congresos científicos (Bybee, 2013, p. 13). Con el paso del tiempo, la educación STEM planteó un enfoque didáctico con el objetivo de garantizar la transversalidad del proceso de aprendizaje a través de programas y asignaturas que promovieran conexiones entre ellas y contribuyeran al desarrollo integral de los estudiantes en contextos culturales y globales.


No obstante, algunas aproximaciones al modelo STEM han sido cuestionadas por privilegiar las disciplinas científico-tecnológicas y dejar en segundo plano dimensiones sociales, culturales y artísticas. En 2008, Georgette Yakman propuso el marco STEAM, en el que la "A" integra las artes físicas, plásticas, manuales, del lenguaje y las ciencias sociales. Esta adición permite reconocer que toda innovación requiere del pensamiento divergente, la empatía y la comunicación visual que aporta el arte.


La incorporación de las artes al enfoque STEM no debe entenderse simplemente como la suma de una disciplina más. Henriksen et al. cuestionan precisamente esta interpretación y señalan:


En términos educativos, puede resultar a menudo mucho más complejo concebir el enfoque STEAM como una simple combinación de las artes con la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas. Tanto las artes como las disciplinas STEM han padecido durante mucho tiempo estereotipos reduccionistas que presentan a las ciencias como rígidas, analíticas, frías y lógicas, y a las artes como más blandas, intuitivas, emocionales y menos lógicas (Feist, 1998). No obstante, la investigación y la experiencia de profesionales expertos demuestran a menudo que esto no es así, como ellos mismos han señalado (Henriksen, 2011; Henriksen y Mishra, 2015; Root-Bernstein y Root-Bernstein, 1999; Simonton, 1988). Si bien es cierto que, en ocasiones o en determinados contextos, tales distinciones pueden mantenerse, en muchos otros escenarios, la práctica científica suele incorporar elementos estéticos, interpretativos, intuitivos y culturales, al tiempo que las artes también pueden ser lógicas, analíticas, racionales y estar basadas en procesos (Caper, 1996; Snow, 1959) (p. 58, traducción propia).


El dinamismo social actual evidenció que el marco STEAM requería otra adaptación. Como señalan Henriksen et al. (2019, p. 59), la separación entre ciencias, humanidades y estudios sociales continuaba marcada, reduciendo con frecuencia el arte a un mero adorno estético en los proyectos técnicos. El término STEM+ propone una estructura abierta donde el símbolo de suma (+) representa la integración de las ciencias sociales, las humanidades, la ética, la lectura y escritura, la diversidad y los saberes culturales.

Esta adaptación resulta fundamental por dos consideraciones:


  1. Dimensión ética: algunas aproximaciones tradicionales pueden incurrir en el tecnocentrismo, al asumir que todo problema tiene una solución técnica. El desarrollo, la implementación y el uso de tecnologías emergentes plantean, además, implicaciones éticas, filosóficas y legales. STEM+ puede integrar perspectivas de la filosofía, la sociología y el derecho para que los estudiantes analicen las implicaciones de sus decisiones, así como su impacto en la equidad de género, la justicia social y la sostenibilidad.

  2. Inclusión y justicia social: el símbolo "+" descentraliza el conocimiento técnico, permitiendo que las comunidades reconozcan sus propias soluciones como objetos de indagación científica.


Implicaciones para la práctica docente


La adopción de este enfoque exige flexibilidad en el diseño curricular. En México, existe un esfuerzo gubernamental para aplicar estrategias STEAM, visible en los recursos de la Nueva Escuela Mexicana (2025) proporcionados por la Secretaría de Educación Pública.


Avanzar hacia STEM+ permite generar proyectos vinculados con las necesidades de la comunidad, en los que un dilema ambiental, por ejemplo, se analice de forma simultánea desde la química, el diseño, la política pública y los derechos humanos. En este contexto, la evaluación formativa también puede ampliar sus referentes: además de considerar el funcionamiento de un prototipo, puede valorar el proceso reflexivo, el análisis de su impacto social y el rigor metodológico empleado.


Finalmente, los estudiantes pueden integrar conocimientos empíricos transmitidos en sus familias y comunidades. El símbolo "+" es un recordatorio de que la innovación no depende únicamente del dominio de conocimientos científicos y tecnológicos sino también de la ética, la inclusión y los saberes culturales.

César Augusto Contreras Cortés es doctor en Educación. Docente tutor de asignaturas de licenciatura y maestría en el IESPE e integrante del Colegio de Doctorado.


Referencias


Bybee, R. W. (2013). The Case for STEM Education: Challenges and Opportunities, National Science Teachers Association. NSTAPress


Henriksen et al. (2019). Design Thinking Gives STEAM to Teaching: A Framework That Breaks Disciplinary Boundaries. STEAM Education: Theory and Practice (pp.54-78). 10.1007/978-3-030-04003-1_4


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