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Profesores que se reinventan, un cambio de paradigma

Al inicio del ciclo escolar 2020-2021, formulé las siguientes preguntas a algunos colegas profesores:


  1. ¿Cuál fue el mayor desafío que enfrentaste en tu proceso de enseñanza durante el periodo marzo - junio?

  2. ¿Qué habilidad desarrollaste durante este periodo?

  3. ¿Qué práctica deseas mejorar?




De un grupo de cerca de 70 profesores encuestados, las respuestas más comunes fueron las siguientes:


  1. No tener las habilidades digitales necesarias para responder con prontitud ante la necesidad de mis alumnos. Me vi limitado en el uso de la tecnología. Los alumnos me rebasaron, pero también fueron comprensivos. Terminé recibiendo tareas por distintos programas de mensajería instantáneos. No usé con total capacidad las plataformas que la escuela me ofrece.

  2. Logré hacer videollamadas. Pude seguir dando clases. Resiliencia. Aprendí a resolver problemas.

  3. Quiero cambiar de actitud. Voy a aprender a usar plataformas educativas. Me gustaría enriquecer mis clases con interactividad. Quiero aprovechar lo que no usé durante el cierre del ciclo pasado.


Con estas tres preguntas se puede hacer un breve diagnóstico del cambio de paradigmas en la educación que empezó a tomar fuerza a raíz de la contingencia sanitaria provocada por la pandemia Covid-19.


La Real Academia Española define paradigma como la teoría o conjunto de teorías cuyo núcleo central se acepta sin cuestionar y que suministra la base y modelo para resolver problemas y avanzar en el conocimiento o, dicho de manera más resumida, un modelo. Y es que un modelo de enseñanza muy frecuente en las aulas (hasta antes de marzo de 2020) bien podría resumirse en lo siguiente:


Estar al frente de la clase. Dar alguna instrucción para realizar alguna actividad en clase. Modelar a nuestros alumnos conceptos y algoritmos que marca el plan de estudios y evaluarlos de alguna manera.


Y si el alumno contestaba correctamente lo visto en clase, se podría dar por hecho que aprendía, aunque en el siguiente ciclo la maestra o profesor de la misma asignatura se preguntara con desasosiego por qué los alumnos ya habían olvidado el tema. Es justo reconocer que existen docentes destacados por usar métodos más centrados en el aprendizaje que en la enseñanza.


Es difícil reconocer que la educación va más allá de conceptos y exámenes. El recientemente fallecido, sir Ken Robison, menciona en su libro Escuelas Creativas (2015) que el objetivo principal de la educación es preparar a los jóvenes para una vida después de la escuela ayudándolos a desarrollar los recursos mentales, emocionales, sociales y estratégicos que les permitirán disfrutar de los desafíos y hacer frente a la incertidumbre y a la complejidad de la existencia. Es decir, la educación comprende el desarrollo integral del alumno con conocimientos y habilidades para hacerle frente a su propia existencia.


Por otro lado, el Foro Económico Mundial, en su Reporte del Futuro de los Trabajos del año 2016 (The Future of Job Reports, en inglés), en el capítulo 1, menciona que el 65% de los alumnos que en ese año estaban ingresando a las aulas de educación primaria estarán laborando en trabajos que aún no existen. Todo parece indicar que lo que estamos enseñando en las aulas no será suficiente para que nuestros estudiantes puedan hacer frente a este desafío. Qué mejor oportunidad, la que sin buscar, tenemos ahora de reinventar la profesión del docente para equipar a los alumnos para este mundo.


¿Cómo hacerlo? Una posibilidad es la reflexión en torno a las tres preguntas iniciales en esta entrada, que representan una estrategia valiosa para conocer a nuestros alumnos y permitir que ellos tomen el liderazgo en las discusiones. Algo muy importante es convertirse en facilitador de conocimiento, mostrar cómo buscar información en fuentes confiables para que se conviertan en buenos ciudadanos digitales, inspirándoles a usar la tecnología en su favor. Es frecuente que no todos tengan acceso a internet, pero existen opciones para evitar el rezago por medio de actividades que les permitan seguir desarrollando habilidades, empleando los medios a su alcance. Estimular su aprendizaje, probar con diferentes metodologías, fortalecer las relaciones con nuestros alumnos, idear actividades que propicien la comunicación, colaboración, creatividad, el pensamiento crítico, su liderazgo, etc. Y sobre todo, abonar para que nuestros alumnos crean en ellos mismos.


No se puede cambiar el currículo o las evaluaciones de un momento a otro, pero sí podemos adaptar y enriquecer nuestra profesión para formar ciudadanos que resuelvan problemas.



Fuente original: redmagisterial.com

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