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La enseñanza afectiva como estrategia para desarrollar las habilidades de los alumnos

La educación es un proceso complejo que requiere de experiencias que integren diversos factores: cognitivos, emocionales y de contexto que influyen en el aprendizaje, por lo general la atención suele centrarse en aspectos curriculares, cognitivos y metodológicos, dejando de lado la importancia de un ambiente emocional que favorezca el desarrollo integral del estudiante. Es por ello que en este artículo se presentará una estrategia muy útil para establecer un ambiente afectivo en el aula y con ello favorecer el proceso de enseñanza-aprendizaje de los estudiantes..

Existen datos que señalan que por cada maestro que promueve relaciones positivas con sus alumnos, existen cinco que no lo hacen (García, 2009). Esta información resulta alarmante, ya que hay una gran cantidad de docentes que no cuidan el clima afectivo en sus aulas, lo que conduce a un alto nivel de sufrimiento para los alumnos que participan en ellas.


Es por ello que a partir de los años noventa se comienza a estudiar con mayor profundidad la relación que existe entre la parte afectiva y el aprendizaje. Autores como Gómez-Chacón (2002) y Haylock (2010) coincidieron en que dicha relación es un factor determinante para la enseñanza de cualquier asignatura de cualquier nivel educativo.


Intentando dar respuesta a los resultados en las investigaciones, Rompelman (2002) desarrolló una propuesta metodológica llamada: Enseñanza afectiva; misma que consta de 15 técnicas afectivas de interacción, divididas en tres categorías:


Elaboración propia a partir de Rompelman (2002)


  1. Oportunidad de respuesta: Tiene como objetivo principal que cada uno de los alumnos tenga las mismas oportunidades de participar. Es necesario reconocer que dentro de nuestras aulas hay niños que constantemente solicitan la palabra para expresar sus ideas; sin embargo, es tarea del docente mantenerse al pendiente de que no siempre lo hagan los mismos; esto se puede lograr a partir de la implementación de recursos tan sencillos como pueden ser palitos con los nombres de los participantes, hasta usar distintas aplicaciones como Class Dojo o ruletas virtuales. Dentro de esta categoría, también se invita a los docentes a no pedir respuestas inmediatas, sino que proporcionen el tiempo suficiente para que los estudiantes elaboren sus respuestas y, en caso de que no pueda responder las preguntas del docente, éste tiene que apoyarlos a partir del replanteamiento de las preguntas.

  2. Retroalimentación: Esta categoría señala que la retroalimentación tiene que darse a todos los estudiantes, ya que por lo regular aquellos alumnos que presentan un bajo rendimiento académico reciben pocos elogios o no son reconocidos. Por otra parte, también es necesario señalar tanto las fortalezas como las áreas de oportunidad de las producciones o actividades realizadas. Ginott (1974) propone retroalimentar las actividades que realizan los alumnos, por ejemplo: La forma en la que explicaste tu tarea fue muy clara. En ocasiones, cuando se retroalimenta al estudiante, se tiende a usar adjetivos como: que bonito está, que listo eres, etc.; lo que puede hacer que el alumno experimente distintas reacciones tales como ansiedad, tristeza y pueda llegar a experimentar dependencia a la aceptación del maestro.

  3. Relaciones personales: Esta es la categoría en la que se concentran la mayoría de las pautas, debido a que a muchos profesores se les dificulta establecer relaciones cercanas con sus alumnos; y una de las razones es el miedo a perder el control y la disciplina de la clase (Rompleman, 2002).

Es importante señalar que ser cercanos y corteses con el estudiantado es diferente a ser permisivos; como docentes, es nuestra labor encontrar el punto medio para que los alumnos se sientan motivados e interesados ante el aprendizaje.


Por otra parte, la cercanía emocional y física es importante para generar un clima afectivo dentro del aula; y lo es también que se reconozca que ésta no tiene que ver sólo con tocar o abrazar a los alumnos, sino que se relaciona con el establecimiento de contacto visual, de usar un lenguaje incluyente, cuidar el tono de voz del profesor, emplear el lenguaje no verbal, etc. Se sabe que en la actualidad el acercamiento físico de un docente a un alumno tiene que ser manejado con extremo cuidado, sin embargo, hay otras formas de mantenernos cercanos.


Esta metodología invita a que los docentes miren de manera integral a los estudiantes, es decir, que se tome en cuenta que experimentan sentimientos que pueden facilitar u obstaculizar su aprendizaje; y es nuestra tarea acompañarlos en este proceso para que se sientan cómodos y motivados. Inicialmente, puede resultar complicado implementar algunas de estas pautas; sin embargo, a través de la práctica se podrán ver los beneficios de estas estrategias.


Como docentes, es necesario reconocer que nuestras actitudes dejarán huella en la vida de los alumnos, es por ello que constantemente deberíamos mantenernos en procesos de capacitación y actualización, tanto en el aspecto académico como en el ámbito emocional.


 

Referencias


García, B (2008) “Las dimensiones afectivas de los docentes”. Revista digital universitaria 10 (11), 2-13. http://www.revista.unam.mx/vol.10/num11/art71/int71.htm


Ginott, H. (1974). Maestro-Alumno. El ambiente emocional para el aprendizaje. Pax.

Gómez-Chacón, I. (2002) Matemática emocional. Los afectos en el aprendizaje de las matemáticas. Narcea.


Haylock, D. (2010). Matemáticas explicadas para maestros de primaria. Correo del maestro: La vasija.


Rompelman, Lynne. (2002). Affective Teaching. University Press of America.




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