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2020: El año de "La mujer fuerte de la Independencia"

María de la Soledad Leona Camila Vicario Fernández de San Salvador, como era el nombre completo de Leona Vicario, es conocida también como “La mujer fuerte de la Independencia”, vivió el presidio, la persecución y financió con su propia fortuna la rebelión de los independentistas.



El lunes 30 de diciembre de 2019 se publicó en el Diario Oficial de la Federación un decreto, según el cual, el Congreso de la Unión declara al 2020 como "Año de Leona Vicario, Benemérita Madre de la Patria”. Hasta ahora, podíamos preguntar a cualquier estudiante de primaria quienes fueron las mujeres que participaron en la Gesta de la Independencia de México y es muy probable que solo recuerde a Josefa Ortiz de Domínguez. Los libros de historia de la SEP, hasta ahora, no nos han contado lo suficiente acerca de Leona Vicario.


A pesar de que nació como mestiza, tuvo la educación y comodidades de una familia criolla. Estudió Bellas Artes y Ciencias, desarrolló un enorme sentido crítico frente al mundo a partir de sus lecturas y años después comenzó a ejercer el periodismo. Su trabajo como periodista se publicó en diarios como El Semanario Patriótico Americano, El Federalista y El Ilustrador Americano. Los insurgentes notaron su trabajo en este último diario y la contactaron para unirse a movimiento.


Así, desde las trincheras del periodismo, colaboró con los rebeldes proporcionándoles información privilegiada de lo que sucedía en la corte virreinal, esto fue posible gracias a que ella misma y su familia pertenecían a la alta sociedad novohispana. Se integró a un grupo secreto llamado Los Guadalupes, quienes formaron una red de correos con Miguel Hidalgo y José María Morelos.


En 1812 convenció a unos armeros para que fabricaran cañones en el campamento de Ignacio López Rayón en Tlalpujahua, Michoacán. Estas armas significaron un apoyo enorme para la causa y se financiaron con la venta de joyas y bienes personales de Leona Vicario.


En 1813 uno de los correos enviados por Leona Vicario fue interceptado lo que hizo que huyera de la Ciudad de México. Sin embargo, fue capturada y por la intervención de su tío y tutor, Agustín Pomposo Fernández, la recluyeron en el Convento de Belén de las Mochas en lugar de ser enviada a la cárcel.


Estuvo presa durante 42 días. No pudo evitar que las autoridades la procesaran conforme a la justicia. La Real Junta de Seguridad y Buen Orden le instruyó un proceso en el que fueron apareciendo los documentos que la inculparon; entre otros, los relativos a sus intentos de huida para pasarse al campo de los rebeldes; fue sometida a interrogatorio, y se presentaron las pruebas que la inculpaban. Nunca delató a sus compañeros; fue declarada culpable y se le condenó a formal prisión y a la incautación de todos sus bienes.


Tres compañeros rebeldes la ayudaron a escapar. Para huir utilizó un disfraz que después sus enemigos calificaron como de una “negra haraposa” que montaba en burro y venía rodeada por arrieros y otras mujeres. Se llevó con ella, escondidos entre huacales, materiales de imprenta para publicar periódicos rebeldes. Los arrieros y las otras mujeres eran en realidad insurgentes.


Contrajo matrimonio con Andrés Quintana Roo, y durante el resto de la Guerra de Independencia se mantuvo al lado de su marido y fiel a la causa. Por este motivo, fue acusada por Lucas Alamán, ministro de Relaciones Interiores y Exteriores del gobierno de Anastasio Bustamante de haberse unido a los rebeldes más por un heroísmo romancesco que por patriotismo, es decir, más por una cuestión amorosa o por seguir a Quintana Roo que por una convicción política o ideológica propia.


La respuesta de Leona Vicario fue arrolladora, publicó una carta que aún hoy se considera como la primera defensa pública de una mexicana a favor de la libertad y de su pensamiento y acción libres e independientes como mujer.


Confiese U. Sr. Alamán, que no solo el amor es el móvil de las acciones de las mujeres; que ellas son capaces de todos los entusiasmos, y que los deseos de la gloria y de la libertad de la patria, no les son unos sentimientos extraños; […] mis acciones y opiniones han sido siempre muy libres, nadie ha influido absolutamente en ellas, y en este punto he obrado siempre con total independencia, y sin atender a las opiniones que han tenido las personas que he estimado. Me persuado que así serán todas las mujeres, exceptuando a las muy estúpidas, o a las que por efecto de su educación hayan contraído un hábito servil. De ambas clases también hay muchísimos hombres.


En 1817, Leona Vicario y Quintana Roo tuvieron una primera hija a la que llamaron Genoveva. Debido a que se encontraban en continuo movimiento, Leona dio a luz en una cueva.

Le ofrecieron un indulto por esas fechas con la condición de que se fuera a España y ella lo aceptó pensando en el bienestar de su hija, pero las autoridades novohispanas la tomaron presa cuando esperaba la entrega de sus documentos. En ese periodo de encarcelamiento tuvo una segunda bebé a la que llamaron María Dolores Quintana Vicario.


Una vez consumada la Independencia, el Congreso de la República le otorgó una compensación en metálico y la hacienda llamada Ocotepec para resarcir la confiscación de sus bienes durante la Guerra de Independencia.


Antes de cumplir 50 años, Leona Vicario escribió un testamento en el que decía que estaba sana, pero su cuerpo resentía la larga lucha, el hambre, el cansancio y la desdicha que había padecido durante los años de guerra. Murió el 21 de agosto de 1842 a los 53 años de edad.


Hasta la fecha, es la única mujer a la que se le han ofrecido funerales de Estado en México. Fue declarada Benemérita y dulcísima Madre de la Patria el 25 de agosto de 1842.


Fuente original: redmagisterial.com/


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