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La pedagogía del ocio

¿Te has preguntado qué es el ocio? Jaume Trilla, profesor de la Universidad de Barcelona, publicó en 1984 un trabajo que titulado: “Pedagogía del Ocio” en el cual plantea algunas preguntas contundentes: ¿Sabemos vivir nuestro tiempo libre? ¿O necesitamos una educación para convertirlo en una experiencia que enriquezca nuestra vida?





Pero ¿qué es ese tiempo que consideramos libre? El autor va más allá de la división entre el tiempo de trabajo y tiempo en el que no se trabaja, Jaume Trilla ha definido con precisión el hecho de que una gran parte de las horas exentas de la jornada laboral están pobladas de obligaciones, compromisos y ocupaciones múltiples. El esquema que sintetiza esta división tradicional de los tiempos humanos, se basa en categorías más genéricas denominadas tiempo disponible y tiempo no disponible (Trilla Bernet, 1993, p. 51):



Llull Peñalba, J. (2011). Pedagogía del ocio.




Según esta tabla, el tiempo libre como tal puede diferenciarse en tres tipos de actividades: las ocupaciones personales no autotélicas, el tiempo libre estéril y, por supuesto, el ocio. Las ocupaciones no autotélicas son aquellas que el sujeto elige autónomamente, pero que no tienen una finalidad en sí mismas ni su realización es necesariamente placentera, por ejemplo, las actividades intencionalmente autoformativas, o el cultivo del cuerpo más allá del estricto mantenimiento de la salud.


La diferencia entre éstas y el ocio radica en que pretenden la consecución de algo distinto a la simple satisfacción que produce la propia actividad. Por ejemplo, aquellas personas que van a broncearse al gimnasio bajo un aparato de rayos, no por el placer que conlleva el estar tumbado, sino para poder lucir luego un espléndido color de tez. Por otro lado, la diferencia entre estas ocupaciones no autotélicas y las anteriores ocupaciones autoimpuestas, está en que aquí el individuo asume un compromiso consigo mismo y con nadie más, mientras que en las ocupaciones autoimpuestas tendrá que dar explicaciones a otras instancias si en algún momento renuncia a tal ocupación.


Por otra parte, vemos en la tabla que existe la categoría de “El tiempo libre estéril”. Jaume Trilla define este tiempo libre estéril como “mal vivido”. Es pasivo, tedioso, aburrido y frustrante. Puede consistir en simplemente “matar el tiempo” y no produce plena satisfacción en el individuo. Un ejemplo sería quedarse viendo la televisión sin esperar nada en absoluto.


Por último, y esta es la categoría que más le interesa al autor, Trilla incluye el ocio y lo define como una actividad que encierra valor en sí misma, resulta interesante y sugestiva para el individuo y suele implicar el estar motivado para realizar una acción. El ocio es una forma positiva de emplear el tiempo libre.

El problema con el que nos enfrentamos cada uno de nosotros en el tiempo libre sería, además de la cantidad de tiempo disponible con que contamos, el uso positivo que podemos hacer del mismo: el de un ocio formativo y enriquecedor, en lugar de una ociosidad mal gastada.


Profundizando en esta concepción, Manuel Cuenca (1995) apostilla algunas otras dimensiones o características que tiene el ocio:



Componente lúdico, entendido como diversión, distracción, juego, etc., que resulta necesario para el equilibrio físico y psíquico del individuo.


Dimensión medio ambiental, que se refiere a la ubicación concreta de cualquier actividad de ocio dentro del contexto territorial y ecológico en que se desenvuelve, por el cual es influenciado de modo más o menos directo.


Desarrollo creativo, entendido como la posibilidad de autoformación y entrenamiento de destrezas y habilidades que permite el ocio a través de la práctica de acciones automotivadas y gratificantes.


Dimensión festiva, o vivencia extraordinaria del ocio junto a la comunidad, que impulsa a construir un espacio recreativo de carácter social, a partir de la experiencia cooperativa y la expresión de sentimientos colectivos.


Carácter solidario del ocio, que promueve la necesidad humana de abrirse, comunicarse y entregarse a los demás, participando y haciendo partícipe a todo el mundo de lo que llamamos “desarrollo comunitario”.

Podemos resumir todas estas consideraciones aludiendo sencillamente a la actitud con que el individuo se enfrenta a su tiempo libre. La actitud personal va a ser el elemento fundamental para conseguir un mejor aprovechamiento del ocio, hasta el punto de entender éste como una especie de filosofía de vida: “Dime cómo vives tu ocio y te diré qué clase de persona eres”. Este modelo de conducta se desarrolla en torno a tres ejes fundamentales: la autonomía, el autotelismo y la vivencia placentera (Trilla, 1993, p. 55).

Al analizar la compleja riqueza de lo que el autor considera el ocio, proponía ya en los inicios de la década de los noventa que deben formarse especialistas que orienten a los niños y adolescentes hacia este tipo de ocio productivo. Los llamó: Monitores del tiempo libre.


Las principales funciones que ejerce un Monitor de Tiempo Libre son:


Función educativa: un monitor tiene conciencia de que el tiempo libre puede ser un lugar de desarrollo y aprendizaje para el niño o joven, en el que se educa para el ocio pero también en otras dimensiones de la personalidad. El monitor es un modelo de referencia para los estudiantes. Por ello es necesario contar con un proyecto establecido de antemano, que señale objetivos, contenidos, habilidades y metodología coherentes con ese proceso educativo, pero también fundamentar la tarea educativa en unos valores o principios éticos humanistas de carácter universal.


Función reeducativa o terapéutica: un monitor atiende directamente a los estudiantes con los que trabaja, estableciendo una comunicación bidireccional con los mismos, que le permite detectar problemas personales, conflictos grupales o necesidades específicas. En determinados casos, un monitor puede ayudar a restablecer el equilibrio emocional, fomentar la autoestima y desbloquear aquellas situaciones que impidan el desarrollo personal del niño o joven.


Función animadora: es indispensable estimular, motivar y promover iniciativas a la hora de realizar actividades, pero también fomentar una dinámica de grupos positiva entre los niños y jóvenes, para que todos participen y la experiencia educativa sea enriquecedora.


Función socializadora: debe controlar la naturaleza de las relaciones sociales que se producen en su grupo de estudiantes y en el propio equipo de monitores, convirtiéndose en un modelo de referencia. En particular sobre el grupo de niños, el monitor tendrá que administrar sanciones y recompensas, erigirse en árbitro ante los conflictos, distribuir funciones entre los miembros del grupo, y también representar a éste de cara al exterior. Dependiendo del caso actuará como figura paterna, como ideólogo, como chivo expiatorio, como delegado responsable, etc.


Función organizativa: a un menor nivel que el Jefe de Campamento o Coordinador de Actividades, el monitor también planifica y prepara una serie de actividades, técnicas y recursos para dotar de intención educativa a la acción llevada a cabo con los estudiantes.


Función ejecutiva: es el papel más específico del monitor, ya que suele responsabilizarse de la puesta en práctica de un cierto número de actividades, que debe controlar tanto en su desarrollo (grado de interés, ritmo, evaluación, etc.) como en la participación del grupo en las mismas.


Función informativa: da información sobre recursos y actividades, conoce otros programas e instituciones de Educación en el Tiempo Libre que se están desarrollando en su ciudad o provincia, ofrece alternativas para el ocio y asesora sobre determinadas demandas personales. Un monitor debe ser un experto en algunas cuestiones de tipo técnico, y también debe poseer amplios conocimientos sobre determinados temas.

Como docentes de niños y adolescentes podemos tomar la decisión de asumir este papel también, el de un Monitor del Tiempo Libre, mostrándoles a nuestros alumnos y a nuestros hijos que existen maneras productivas para cultivar actividades en el ocio. Sobre todo permitirles contrastar las diferencias entre el tiempo libre “mal vivido” del que habla Jaume Trilla y el ocio enriquecedor, que los hará madurar, les dará oportunidades de ser parte de su comunidad y finalmente, los llevará a convertirse en individuos más felices.




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