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Educación matemática con tecnología

Desde las primeras investigaciones realizadas sobre el tema de incorporación de tecnología digital en la educación matemática, comenzó a ser evidente que los estudiantes pueden trabajar con ideas más poderosas y de mayor complejidad cuando acceden a recursos interactivos de manera temprana, resolviendo el problema de navegar por intuición y poco a poco, adentrándose en el contenido matemático propiamente. No obstante, muchos educadores consideran que no debe dejarse de lado el lápiz, el doblado de papel, el compás y el cálculo mental si se pretende que los alumnos razonen en serio, no a través de simuladores.



Estos materiales concretos deben formar parte de la educación matemática de cualquier persona en su trayecto escolar, porque desarrollan efectivamente habilidades de coordinación ojo mano, de orientación espacial, de motricidad fina y, de manera muy importante, son estructurantes de las representaciones mentales posteriores. Sin embargo, este tipo de recursos didácticos manipulables no tienen por qué ser excluyentes del entorno digital que forma parte de la cotidianidad de los niños y jóvenes de nuestro tiempo, acostumbrados a descifrar representaciones provenientes de diseños digitales que ellos pueden decodificar más fácilmente que los actuales adultos de la generación milenial. Quizás el problema de fondo se encuentre no en las propias tecnologías, sino en el diseño de experiencias de aprendizaje que pasen de lo intuitivo a lo formal en matemáticas. Exploremos un poco al respecto.



De la intuición a la formalización


Existen ciertos programas que permiten elaborar y verificar algunas conjeturas, por ejemplo, las dimensiones de una figura geométrica antes y después de ser rotada con el cursor de la computadora. En otros ambientes se pueden hacer los desarrollos planos de cuerpos e inferir posibles variaciones empleando la realidad aumentada, de manera que se facilita la exploración inicial desde un nivel intuitivo de pensamiento.


Pero no se trata solamente de explorar. Hay que subir el nivel cognitivo y aprovechar las potencialidades de los programas informáticos, ya que no solo se trata de mover botones y divertirse un poco con las formas, las variaciones en los parámetros de ciertas condiciones iniciales. Lo que se pretende es modelar ciertas condiciones para llegar a formalizar inductivamente las reglas o principios que explican los efectos de los cambios efectivamente aplicados para poder explicar la naturaleza de un resultado final, ya sea que se trate de una variación proporcional, de un desarrollo geométrico o del número escondido en pre-álgebra. Esto es lo verdaderamente importante.


Algunas investigaciones han estudiado lo que se denomina modelos de competencia (Filloy, Puig y Rojano, 2008) para describir en forma teórica las metas de aprendizaje a largo plazo. Se trata de referentes que permiten analizar la diferencia entre los usos ideales de una herramienta tecnológica con los usos reales, para establecer cierta métrica del comportamiento de los usuarios. Estos autores entienden por uso competente la capacidad de movilizar el conocimiento matemático ante una situación, tarea o problema por resolver. Esta capacidad está fuertemente relacionada con trayectorias didácticas que son planeadas por maestros con el fin de propiciar la construcción de conocimiento en matemáticas. Desde esta perspectiva, el papel del docente se vuelve fundamental para crear rutas de aprendizaje que potencializan el uso de conceptos en los retos que se plantean al alumno.


En conclusión


La tecnología puede ser un instrumento para motivar la exploración de entidades matemáticas en ambientes computacionales, pero puede convertirse en un aliado más importante en términos cognitivos cuando permite pasar de lo intuitivo a lo formal, es decir, cuando se puede transitar de la navegación por las funciones instrumentales de un programa informático, hacia la construcción de conceptos derivados del análisis de la manipulación de estas funciones.


Si la formalización de conceptos no ocurre, entonces la tecnología aportará muy poco al pensamiento formal de los alumnos y estaremos dando la razón a los detractores del uso de la tecnología para enseñar matemáticas. El secreto está en el planteamiento de las rutas didácticas que pueda plantar un maestro.



Fuente original: redmagisterial.com.


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