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Niños, jóvenes y maestros en la cultura del libro

Actualizado: 24 may 2023

Desde su creación en 2013, hace ya diez años, en Red Magisterial nos hemos ocupado de destacar y fomentar tanto las habilidades relacionadas con la escritura y la lectura, como el gusto por hacerlo y las vías para lograrlo. Abril siempre es un buen momento, dada la coyuntura del Día Internacional del Libro y del Derecho de Autor.

En abril de 2021, por ejemplo, compartimos con la comunidad dos textos relevantes, primero, uno de Susana Garduño sobre la lectura en espacios digitales y en específico en el ciberespacio, y un texto de Uriel Carrillo sobre los caminos para crear un club de lectura. El año pasado entregué un texto que destaca las condiciones de la lectura, el interés “real” que tenemos como individuos en sociedad hacerlo y las capacidades verdaderas que adquirimos para leer en determinados contextos.


Ahora, quisiera hacer énfasis en lo que se conoce como cultura del libro.


La cultura del libro, nos dice el Chat GPT, “es fundamental para el desarrollo de los estudiantes de educación básica. Los libros son una fuente inagotable de conocimiento, y fomentan la imaginación, la creatividad y la capacidad de reflexionar sobre temas importantes.”


Y asegura que “La lectura temprana es especialmente importante para el éxito académico, ya que ayuda a los estudiantes a desarrollar habilidades de comprensión y expresión, además de fomentar el amor por el aprendizaje.”


Después de la expresión cursi “fomentar el amor por el aprendizaje”, que denota una clara influencia humana en este recurso de inteligencia artificial, destaca la importancia del acceso a los libros por parte de los estudiantes, lo cual es una obviedad, pero no por ello menos digno de destacar, ya que en nuestro país, y en muchos otros, el acceso es muy limitado por razones exógenas a las familias, como los de distribución o la misma economía familiar, pero también existen razones internas: el desinterés y el poco valor atribuido a los libros y a la lectura.


El Chat continúa: “Los libros de literatura infantil y juvenil son particularmente valiosos, ya que suelen estar escritos con un lenguaje sencillo y con historias que pueden ser fácilmente comprendidas por los niños. Además, estos libros suelen estar ilustrados, lo que ayuda a los estudiantes a visualizar mejor la historia y a conectarse emocionalmente con los personajes.”


Enseguida, destaca que “los maestros juegan un papel fundamental en la promoción de la cultura del libro en los estudiantes de educación básica. Los maestros pueden fomentar la lectura al incluir tiempos de lectura en clase, crear actividades que involucren la lectura de diferentes géneros literarios y ayudar a los estudiantes a encontrar libros que se adapten a sus intereses. También pueden animar a los estudiantes a compartir sus lecturas favoritas y organizar clubes de lectura en la escuela.” Me parece fundamental el tiempo de lectura en clase, ya que si lo pensamos bien, nunca hay tiempo ni espacios adecuados para leer, ya que esta actividad demanda estos dos recursos limitados para lograr la “concentración”.


Pero la cultura del libro o más exactamente, la cultura de la lectura, si bien es una tarea ardua en niños y niñas, en los jóvenes es una tarea que parece casi imposible de sostener. Por eso, el Chat GPT nos recomienda los siguientes puntos en torno a la lectura y escritura en jóvenes que, por otro lado, son perfectamente válidos para adultos formados como somos todos nosotros: padres y madres, maestros y maestras, sociedad en general:


  1. La lectura y la escritura son habilidades fundamentales que deben ser fomentadas en los jóvenes para su desarrollo académico, profesional y personal.

  2. La lectura y la escritura son herramientas esenciales para el pensamiento crítico y la comunicación efectiva. Los jóvenes que dominan estas habilidades tienen una ventaja significativa en el mundo académico y profesional.

  3. La tecnología ha cambiado la forma en que los jóvenes se relacionan con la lectura y la escritura. Los dispositivos electrónicos y las redes sociales han dado lugar a nuevos géneros literarios y nuevas formas de comunicación escrita.

  4. El fomento de la lectura y la escritura debe ser una tarea compartida entre los padres, los maestros y los jóvenes. Es importante que los jóvenes vean la lectura y la escritura como actividades divertidas y desafiantes, en lugar de aburridas y tediosas.

  5. La lectura y la escritura pueden ser herramientas poderosas para ayudar a los jóvenes a explorar sus sentimientos y emociones. A través de la literatura, los jóvenes pueden aprender a comprender mejor el mundo que les rodea y a desarrollar una mayor empatía hacia los demás.

  6. Los jóvenes que leen y escriben regularmente tienden a tener un mejor desempeño académico que aquellos que no lo hacen. También tienen una mayor probabilidad de obtener buenos resultados en los exámenes estandarizados y en el acceso a la educación superior.

  7. La lectura y la escritura pueden ser utilizadas como herramientas para fomentar la inclusión y la diversidad en la sociedad. A través de la lectura de libros de autores de diferentes orígenes culturales y étnicos, los jóvenes pueden aprender a apreciar las diferencias y a desarrollar una mayor tolerancia y respeto hacia los demás.

Más allá de la idealización en la que suelen caer las reflexiones sobre la cultura del libro, y el Chat inteligente no escapa a esta tendencia, por lo que se alcanza a ver, destaca un par de puntos: “la lectura y la escritura” no pueden ser tareas “aburridas y tediosas”, nunca; en todo caso los aburridos y tediosos son los lectores desinteresados y desprovistos de herramientas para hacerlo, y los jóvenes escritores que lo asumen como una tarea escolar y no como un medio de registro, memoria y expresión creativa. Como dijo un ilustre lingüista hace décadas: “para leer, hay que haber leído”.


Finalmente, otro aspecto a comentar es el hecho de la inclusión. Los jóvenes estudiantes y los maestros jóvenes quizá han olvidado que el diálogo con los libros ha sido siempre una vía para el conocimiento del otro (y no confundamos con ser necesariamente mejores personas, aunque no excluyo esa posibilidad) y de uno mismo. No sólo en la ficción, sino en la lectura de todo tipo de textos, desde unos versos hasta una entrada enciclopédica, desde un recetario poblano del siglo XVIII, hasta un ensayo sobre el Bosón de Higgs o las memorias de un cineasta. Porque la cultura del libro está intrínsecamente atada con la cultura y se puede acceder a ella en pocas páginas impresas o digitales, siempre al alcance de las manos y los ojos.



Fuente original: nem.redmagisterial.com/nem



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