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30 años de Internet: cuando se rompió el silencio

En 2019 conmemoramos 30 años de Internet y muchos de sus usuarios más perseverantes no saben –tal vez ni siquiera habían nacido–cómo era la vida sin ella.



Imaginen –o recuerden– un mundo sin Google, sin Wikipedia, sin Facebook y ni en sus sueños más aventurados los adultos de entonces pensaron que existiría YouTube. Hoy nos parecería un universo paralelo donde nadie ha escuchado hablar de los navegadores o los servicios de chat. Pero los orígenes de Internet van aun más lejos, se internan en un pasado sin Windows, sin iOS, peor aún, sin computadoras. Esas máquinas rodeadas de prestigio y un halo de misterio eran un lujo que sólo podían permitirse las universidades, centros de investigación, instituciones gubernamentales y grandes empresas.


Para comunicarnos con una máquina necesitábamos conocimientos de programación. Y una vez que establecíamos un hilo de conversación con ellas, las máquinas nos devolvían caracteres claros sobre un fondo oscuro; se quedaban ahí mirándonos, monocromáticas y silenciosas. Sin fotos, sin música y por supuesto, sin un usuario del otro lado de la pantalla que nos dijera “Hola”.

En ese mundo en el que nadie respondía a nuestro saludo a través de una computadora, un hombre tuvo una idea: ¿Y qué tal si..?

La World Wide Web (la Web) nació en el CERN, el Centro Europeo de Física Nuclear, en Ginebra (Suiza), de la mano del ingeniero y físico británico Tim Berners-Lee como un sistema de intercambio de datos entre los 10.000 científicos que trabajaban en la institución.


En 1989, Berners-Lee describió el protocolo de transferencias de hipertextos que daría lugar a esa primera web: "Gestión de información; una propuesta".


¿Un vago paso para el hombre? ¡Un gran salto para la humanidad!

Así, hace 30 años, Tim Berners-Lee envió a su jefe, Mike Sendall la propuesta de un sistema de administración de la información. Las palabras exactas que Sendall escribió sobre la propuesta a manera de comentario fueron “Vago pero emocionante”.



Estos fueron los orígenes de la idea que cambiaría el mundo, la historia y la manera como la humanidad se comunica, trabaja, va al cine o al banco… pero, ¿cómo era la primera página web?


Los científicos del CERN recrearon y pusieron en línea una versión de aquella primera página web, la cual tuvieron que preparar especialmente para funcionar en las computadoras actuales.


Se puede entrar a esa primera página web en este enlace. Pero debemos advertirles que podrían quedar algo decepcionados a la vista de este fósil informático.

Pero lo fundamental era que, por primera vez, se rompió el silencio. Por fin había un intercambio de información entre usuarios. Esto fue posible gracias al correo electrónico. Mensajes iban y venían entablando diálogos entre los primeros cibernautas.

Fue un tiempo de gran entusiasmo. Los usuarios surgieron en todas las latitudes comunicándose de maneras diferentes a tal grado que, en 1994, Berners-Lee tuvo que crear el World Wide Web Consortium (W3C), para mantener unos estándares comunes en el funcionamiento de la red.


Las tres amenazas que se ciernen sobre la web

Actualmente, a 30 años de su propuesta original, Tim Berners-Lee nos recuerda que el privilegio de contar con Internet tiene sus desventajas.

El creador de Internet publicó recientemente un documento en que nos dice:

En líneas generales, considero que hay tres causas de las disfunciones que afectan a la web actual:


Las intenciones deliberadas y maliciosas, como el pirateo y los ataques informáticos apoyados por los Estados, la conducta delictiva y el acoso en Internet.

El diseño de un sistema que crea incentivos perversos en los que se sacrifica al usuario, como los modelos de ingresos basados en la publicidad que recompensan comercialmente el cibercebo y la difusión viral de la desinformación.


Las consecuencias negativas involuntarias del diseño benevolente, como el tono enfurecido y polarizado y la calidad de las conversaciones en Internet.

Como maestros, ¿podemos hacer algo? Seguramente sí, como usuarios responsables de la información, como docentes y educadores podemos promover entre nuestros alumnos los valores que los hagan buenos ciudadanos digitales y enseñarles a proteger sus datos para no ser víctimas del uso malicioso de su información personal. También debemos orientar a los estudiantes para que sean críticos al analizar la información y no se conviertan en coro de los mensajes de odio.


La brecha digital se está cerrando gracias a los esfuerzos de empresas e instituciones y ahora más que nunca debemos mostrar a los futuros usuarios como aprovechar responsablemente el poder de Internet.


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